Sabores de mi vida

La Hacienda de San Martín, es un proyecto que nace tras veinte años de experiencia en el sector de la restauración y sobrevivir a muchas cornadas. Con este restaurante quiero compartir con vosotros los sabores de mi vida, recuerdos que guardo en el corazón que huelen a las personas que he amado y que me han amado.

Hay personas que se cruzan en tu camino que dejan una huella imborrable en el alma. Con el paso del tiempo, entiendes que son tatuajes vitales para construir quién eres hoy.

Mi abuelo sabe a cordero frio en la mañana de navidad y huele a aceitunas macerando en las tinajas de barro que guardaba en su bodega. Él me enseñó a distinguir un buen jamón, y un buen vino y despertó mi pasión por la cocina tradicional española, las migas, los bocatas de gallinejas y entresijos, y el cocido. Mira que buscamos juntos sin encontrarlo, un cocido que superase al de mi madre, todavía lo busco. Ella es mi gran maestra. A mi gran amor que son mis hijas, les hago la paella como ella me la ha hecho a mí y a mis hermanos tantas veces.

Cuando falleció “el gran Lukillas”, caí en una profunda tristeza que me obligó a analizar cómo había sido mi vida hasta ese momento y cómo quería que fuera en adelante.

En ese punto de reconstrucción, encontré la persona que iba a darme la mano para seguir caminando. Una mujer dulce como sus postres y sobria como su fabada. Por su trabajo tuvimos ocasión de viajar por todo el mundo y descubrir y disfrutar juntos de nuevos sabores, olores y colores como la langosta con mantequilla salada en Nueva York, la sopa sapporo en Tailandia o la pasta picante con mejillones en Roma, abriendo así el abanico de mi paladar.

Y viajando por la vida he conducido hasta el presente.

Si has vivido, has amado, cocinar es amar. Mi mayor satisfacción, es cocinar para hacer feliz a las personas que disfrutan de comer en buena compañía. Lo que convierte un sabor en un momento inolvidable que tus emociones evocarán cuando vuelvas a probarlo, son las personas con quien lo has compartido.

Es por eso que tanto la decoración como la carta del San Martín, han sido diseñados para que te sientas como en casa y puedas disfrutar junto al calor de la chimenea, de las recetas tradicionales de siempre, cocinadas con un punto de innovación y con la misma ilusión y el mimo que si fuera la primera vez.

  • ¡Lukillas, Lukillas!, lo de la vaca abuelo, cuéntame otra vez lo de la vaca.

La brisa del mar despeinaba el flequillo del “gran Lukillas”.  A él le encantaba compartir esos ratos junto a su nieto, mientras se metían entre pecho y espalda un rico arroz caldero. Javi le escuchaba atento, abriendo los ojos como platos, a ratos correteando a su alrededor, a ratos sentado en sus rodillas.

  • Está bien, pero siéntate a la mesa que la comida merece un respeto Javi, para quieto un momento que me mareas. A ver, Peucelle le enseña la pelota a Alfredo y le dice ¿sabes de qué está hecha? ¿lo sabes? y él le contestó que de cuero. ¿Y el cuero? ¿sabes de dónde viene el cuero?
  • De la vaca, de la vaca! gritó Javier, con el entusiasmo que solo se puede tener cuando todo está por ver.
  • Sí, de la vaca, de la vaca. ¿Y qué come la vaca?
  • Hierba, come hierba.
  • Pues ahí quiero ver la pelota, en la hierba.

Como un potro desbocado, Javier saltó de un brinco a la arena, y empezó a dar toques al balón con un solo pie, sosteniéndolo en el aire sin tocar suelo. Su abuelo, le increpó una vez más para que le escuchase con atención.

  • Mira Javi, hay algo muy importante que debes recordar toda la vida, el Real Madrid gana cada partido porque juega como si fuera a ganar hasta que el árbitro pita el final, pero sobre todo, porque juega en equipo y mientras Gento corre por la banda, Kopa, Puskas, Rial y Di Stéfano están pendientes de a quién le pasará la pelota para rematar la jugada y marcar gol. Todos juegan al mismo compás, que no es otro que la estrategia que el entrenador les ha marcado en el vestuario, sudan la camiseta con un único compromiso, que el Real gane la copa para que nosotros podamos celebrarlo. ¿Entiendes lo que te quiero decir?
  • Sí abuelo, que lo importante es el equipo.
  • Pues rodéate siempre de un buen equipo, y mira bien a quién le pasas el balón.

Javier abrazó a su abuelo, con tanto ímpetu que casi lo tira de la silla y le regaló un “a tí, abuelo, te lo paso a tí” que quedó marcado a fuego en el corazón de ambos.

Recordando este episodio de mi infancia y las palabras de mi abuelo, solo me queda añadir, que cuando vengas a comer o a cenar al San Martín, todo el equipo del restaurante estará pendiente de que te lleves un buen recuerdo que sumar a la historia de tu vida.